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D O C T R I N A








La Iglesia

EL APOCALIPSIS

Autor: El apóstol Juan
FECHA: 70-95 D.C.
TEMA: EL SEÑOR NUESTRO DIOS TODOPODEROSO REINA
PALABRAS CLAVE: TRONO, CORDERO, VENCERÁS, SIETE, YO VI
AutorCuatro veces el autor se refiere a sí mismo como Juan (1.1, 4, 9; 22.8). Era tan conocido y su autoridad espiritual estaba tan bien establecida entre sus lectores que no necesitó citar sus credenciales. Desde muy temprano en la historia de la Iglesia se atribuye unánimemente este libro al apóstol Juan.
Trasfondo y fechaLa evidencia interna demuestra que el Apocalipsis fue escrito en una época de extrema persecución contra los cristianos, la cual posiblemente fue iniciada por Nerón, tras el gran incendio que casi destruye a Roma en julio del año 64 d.C., y continuó hasta su suicidio en el 68 d.C. Según este punto de vista, el libro habría sido escrito antes de la destrucción de Jerusalén en septiembre del año 70 d.C, y es una auténtica profecía sobre los continuos sufrimientos y persecución de los cristianos, que se haría más intensa y severa en los años por venir. Sobre la base de afirmaciones dispersas de los padres de la Iglesia, algunos comentaristas fechan el libro en la etapa final del reinado de Domiciano (81-96 d.C), tras la fuga de Juan a Éfeso.
Ocasión y propósitoBajo la inspiración del Espíritu y del Antiguo Testamento, Juan no tenía dudas de estar reflejando los horribles acontecimientos ocurridos tanto en Roma como en Jerusalén, cuando proclamaba «la profecía» sobre lo que parecía inminente: la intensificación de la guerra espiritual contra la Iglesia (1.3) por parte de un estado anticristiano y por numerosas religiones anticristianas. El propósito de este mensaje era proporcionar aliento pastoral a los perseguidos, fortaleciendo, invocando y proclamando la seguridad y certeza de la esperanza, junto a la confianza de que en Cristo ellos compartían el poder soberano de Dios para vencer completamente a las fuerzas del mal en todas sus manifestaciones. El Apocalipsis es también una apelación evangélica para aquellos que en el presente viven en el reino de las tinieblas, a fin de que entren en el reino de luz (22.17).
ContenidoEl mensaje central del Apocalipsis es que «el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina» (19.6). Este tema ha sido confirmado en la historia por la victoria del Cordero, quien es «Señor de señores y Rey de reyes» (17.14).
Así, aquellos que siguen al Cordero están envueltos en un continuo conflicto espiritual, y el Apocalipsis ofrece una visión más profunda de la naturaleza y tácticas del enemigo (Eph_6:10-12). El dragón, frustrado por su derrota en la cruz, y las consiguientes restricciones impuestas a su actividad, y desesperado por torcer los propósitos de Dios antes de su inevitable caída, desarrolla una triple contraofensiva «para hacer guerra» a los santos (Eph_12:17). La primera «bestia» o monstruo simboliza la realidad de un gobierno y un poder político anticristiano (Eph_13:1-10, Eph_13:13); y la segunda, una religión, filosofía e ideología anticristiana (Eph_13:11-17). Juntas dan lugar, en última instancia, a una sociedad seductora y falsa, a una economía y cultura secular anticristiana: la corrupta Babilonia (caps. 17 y 18), compuesta por aquellos «que habitan la tierra». Estos llevan «la marca» de la bestia, y sus nombres no están registrados en «el libro de la vida del Cordero». El dragón delega continuamente sus restringidos poderes y autoridad a los monstruos y sus seguidores, para así engañar y desalentar a cualquiera del propósito creador y redentor de Dios.
Aplicación personalDios ha creado el orden de la comunidad; esto es, el matrimonio y la familia, la actividad económica, el gobierno y el estado (véanse Rom_13:1-7; 1Ti_2:1-2). Satanás, incapaz de crear cualquier cosa, tienta a otros para distorsionar y utilizar mal lo que Dios ha creado. Los cristianos deben distinguir cuándo un gobierno está funcionando «bajo» la autoridad divina o «como» la autoridad divina. Si se trata de lo segundo, los cristianos deben orar, resistir con valentía y aceptar pacientemente las consecuencias de obedecer al Dios cuya imagen y sello llevan consigo (Mar_12:16-17; Act_4:19). Deben hacerlo en la confianza de que después de su victorioso sufrimiento reinarán con el Señor.
Detrás de las apariencias de pompa y poder del mundo, está la realidad de la absoluta soberanía del Señor, el Cordero que garantiza la derrota final del pecado y el mal. Dios utiliza todas las fuerzas del mal, todas las consecuencias del pecado, aun el sufrimiento de sus santos, para alcanzar sus propósitos. Los creyentes que padecen persecución deben saber que sus sufrimientos no son inútiles, y que al final serán reivindicados. El principal manantial de la esperanza y el valor cristianos es la certeza de que el enemigo ha sido derrotado y ha caído, que los seguidores del Cordero no están peleando una causa perdida. ¡Él ya ha vencido, por lo que ellos pueden ser y serán vencedores!
La forma literariaDespués de un prefacio, el Apocalipsis comienza (1.4-7) y termina (22.21) como una típica carta del Nuevo Testamento. Aunque el libro contiene siete cartas dirigidas a siete iglesias del Asia Menor, todo creyente debe «escuchar» el mensaje dirigido a cada una de esas iglesias (2.7, 11, 17, 29; 3.6, 13, 22), así como el mensaje del libro completo (1.3; 22.16), para que puedan obedecerlo (1.3; 22.9). Dentro de esta carta está «la profecía» (1.3; 10.11; 19.10; 22.6, 7, 10, 18, 19). De acuerdo con Pablo, «el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación» (1Co_14:3). El profeta habla la Palabra de Dios como un llamado a la obediencia en el presente y las situaciones del futuro inmediato, a la luz del futuro último. Esta profecía no sería sellada (1Co_22:10) porque posee relevancia para los cristianos de todas las generaciones.
Método de comunicaciónJuan recibió estas profecías por medio de una serie de visiones que contenían imágenes simbólicas y números que recuerdan aquellos que se hallan en los libros proféticos del Antiguo Testamento. Recogió estas visiones posiblemente en el orden cronológico que las recibió, muchas de ellas como cuadros de los mismos acontecimientos desde diferentes perspectivas. No ofrece, sin embargo, el orden cronológico en que deben ocurrir los acontecimientos históricos. Por ejemplo, Jesús nace en el capítulo 12 y es exaltado en el capítulo 5, mientras recorre sus iglesias en el capítulo 1. La bestia que ataca a los dos testigos en el capítulo 11, no hace su aparición sino hasta el capítulo 13. Juan recoge una serie de visiones consecutivas, no una serie de acontecimientos consecutivos.
El Apocalipsis es un espectáculo cósmico: una serie elaborada de lienzos a color, acompañada e interpretada por voces y cantantes celestiales. La palabra hablada es una prosa de altura, más poética de lo que indican nuestras traducciones. La música es similar a una cantata. Se introducen sucesivamente temas que después se reintroducen, desarrollan y combinan con otros temas.
Todo el mensaje es una «revelación» (1.1). Esto es una clave para la comprensión de las visiones, las cuales contienen un lenguaje figurado que pone de manifiesto las realidades espirituales dentro y detrás de la historia. Las señales y los símbolos son esenciales porque la verdad espiritual y la realidad invisible hay que comunicarlas a los seres humanos por medio de los sentidos. Los símbolos apuntan a lo que en última instancia es indescriptible. Por ejemplo, el relato de las langostas demoníacas del abismo (9.1-12) crea una vívida y horripilante impresión, aunque no se pretenda interpretar los pequeños detalles.
Cristo reveladoCasi todos los términos empleados en el Nuevo Testamento para describir la naturaleza divina y humana de Jesús, y su obra redentora, se mencionan por lo menos una vez en el Apocalipsis. Esos términos, junto con otras muchas expresiones, nos ofrecen la única revelación multidimensional del lugar que ocupa el ministerio constante y la victoria final del Cristo exaltado.
Aun cuando el libro ofrece un condensado resumen del ministerio terrenal de Jesús, desde su encarnación hasta la ascensión en 12.5, el Apocalipsis asegura que el Hijo de Dios, como el Cordero, ha completado totalmente su obra redentora (1.5, 6). Por su sangre los pecadores han sido perdonados, limpiados (5.6, 9; 7.14; 12.11), liberados (1.5), y hechos reyes y sacerdotes (1.6; 5.10). Todas las manifestaciones que siguen a su anunciada victoria se basan en la obra finalizada en la cruz; por lo tanto, Satanás ha sido derrotado (12.7-12) y atado (20.1-3). Jesús, levantado de entre los muertos, es entronizado como soberano absoluto sobre toda la creación (1.5; 2.27). Él es «Rey de reyes y Señor de señores» (17.14; 19.16), y recibe las mismas muestras de adoración que el Dios creador (5.12-14).
El único que es «digno» de realizar el eterno propósito de Dios es el «León de Judá», quien no es un Mesías político, sino el Cordero sacrificado (5.5, 6). «El Cordero» es su título principal, utilizado veintiocho veces en el Apocalipsis. Como un conquistador, el Cordero tiene la autoridad y el poder de controlar todas las fuerzas del mal y sus consecuencias, subordinándolas a sus propósitos de juicio y salvación (6.1-7.17). El Cordero está sobre el trono (4.1-5.14; 22.3).
El Cordero, como «uno semejante al Hijo del Hombre», siempre está en medio de su pueblo (1.9-3.22; 14.1), cuyos nombres están escritos en su libro de la vida (3.5; 21.27). Él los conoce íntimamente, y con su inconmensurable y santo amor los vigila, protege, disciplina y reta. Ellos comparten su victoria presente y futura (17.14; 19.11-16; 21.1-22.5), así como su presente y futuro «banquete de bodas» (19.7-9; 21.2). Él permanece en ellos (1.13), y ellos en él (21.22).
Como «uno semejante al Hijo del Hombre», es también el Señor de la cosecha final (14.14-20). Él derramó su ira en juicio sobre Satanás (20.10), sus aliados (19.20; 20.14), y los que están espiritualmente «muertos» (20.12, 15), todos los que «moran sobre la tierra» (3.10).
El Cordero es el Dios que viene (1.7, 8; 11.17; 22.7, 20) a consumar su plan eterno, a completar la creación de la nueva comunidad de creyentes en «un nuevo cielo y una nueva tierra» (21.1) y a restaurar las bendiciones del paraíso de Dios (22.2-5). El Cordero es la meta de toda la historia (22.13).
El Espíritu Santo en acción
La descripción del Espíritu Santo como «los siete Espíritus de Dios» (1.4; 3.1; 4.5; 5.6) es algo distintivo en el Nuevo Testamento. El número siete es simbólico: una cifra que expresa la idea de plenitud, y cuando se relaciona con Dios, de perfección.
Se alude al Espíritu Santo en términos de la perfección de su actividad dinámica y múltiple. Las «siete lámparas de fuego» (4.5) sugieren sus ministerios de luz, purificación y fortalecimiento. Que los siete Espíritus estén delante del trono (1.4; 4.5), y simultáneamente sean los siete ojos del Cordero (5.6), se refiere al carácter trinitario de Dios, quien se ha revelado a sí mismo como el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Esta es una compenetración mutua que no disuelve las distinciones esenciales del ser y la función de cada una de las personas.
Cada uno de los mensajes a las siete iglesias proviene del Señor exaltado, y a cada uno de sus miembros se le urge a escuchar «lo que el Espíritu dice» (caps. 2; 3). El Espíritu dice solamente lo que el Señor Jesús dice.
De esa forma, el Espíritu es el Espíritu de la profecía. Toda profecía genuina está inspirada por el Espíritu Santo y da testimonio de Jesús (19.10). Las visiones proféticas se comunican a Juan sólo cuando él está «en el Espíritu» (1.10; 4.2; 21.10). El contenido de estas visiones es nada menos que «la revelación de Jesucristo» (1.1).
Toda profecía genuina demanda una respuesta. «El Espíritu y la Esposa dicen: Ven» (22.17). Todo el mundo, o escucha, o rechaza este llamado. El Espíritu trabaja continuamente en la Iglesia, y a través de ella, para invitar a todos aquellos que están fuera de la Ciudad de Dios a que entren. Sólo por el poder del Espíritu Santo la Esposa está en condiciones de testificar y de «esperar pacientemente». El Espíritu así penetra la experiencia presente de quienes escuchan con gozo anticipado sobre la futura plenitud del reino.



Bosquejo del contenido



Prólogo 1.1



I. Cartas a las siete iglesias 1.9-3.22



A. El marco: Uno semejante al Hijo del Hombre 1.9-20

B. Las cartas 2.1-3.22



II. Los siete sellos 4.1-8.1

A. El marco: 4.1-5.14

1. El trono de Dios 4.1-11

2. El Cordero y el rollo 5.1-14



B. Los sellos: 6.1-8.1



1. Primer sello: El caballo blanco 6.1,2

2. Segundo sello: El caballo bermejo 6.3, 4

3. Tercer sello: El caballo negro 6.5, 6

4. Cuarto sello: El caballo amarillo 6.7, 8

5. Quinto sello: Las almas debajo del altar 6.9-11

6. Sexto sello: La catástrofe cósmica 6.12-17

a. Primer interludio: 144.000 sellados 7.1-8

b. Segundo interludio: Una gran multitud 7.9-17

7. Séptimo sello: Silencio en el cielo 8.1



III. Las siete trompetas 8.2-11.18

A. El marco: El altar de oro 8.2-6

B. Las trompetas 8.7-11.18

1. Primera trompeta: La tierra 8.7

2. Segunda trompeta: El Mar_8:8-9

3. Tercera trompeta: Los ríos 8.10, 11

4. Cuarta trompeta: El sol 8.12

5. Quinta trompeta: Primer ay: las langostas demoníacas 8.13-9.12

6. Sexta trompeta: Segundo ay: el calvario 9.13-11.14



a. Primer interludio: El pequeño rollo 10.1-11

b. Segundo interludio: Dos testigos 11.1-14

7. Séptima trompeta: Tercer ay: voces en el cielo 11.15-18

IV. Las siete señales 11.19-15.4

A. El marco: el arca del pacto 11.19

B. Las señales 12.1-15.4

1. La mujer, el dragón, el niño, Miguel 12.1-17

2. La bestia del Mar_13:1-10

3. La bestia de la tierra 13.11-18

4. El Cordero y los 1442Ki_000 14:1-5

5. Cuatro proclamaciones 14.6-13

6. La cosecha final 14.14-20

7. Los siete ángeles y el cántico del Cordero 15.1-4



V. Las siete copas 15.5-16.21

A. El marco: El tabernáculo del testimonio 15.5-16.1

B. Las siete copas: 16.2-21

1. Primera copa: La tierra 16.2

2. Segunda copa: El Mar_16:3

3. Tercera copa: Los ríos 16.4-7

4. Cuarta copa: El sol 16.8, 9

5. Quinta copa: El trono de la bestia 16.10, 11

6. Sexta copa: Éufrates 16.12



(Interludio: Tres espíritus inmundos) 16.13-16

7. Séptima copa: Las ciudades de las naciones 16.17-21



VI. Los siete espectáculos 17.1-20.3

A. El marco: Un desierto 17.1-3

B. Los espectáculos: 17.3-20.3

1. La mujer sobre una bestia escarlata 17.3-5

2. El misterio de la mujer y la bestia 17.6-18

3. Siete voces: La caída de Babilonia 18.1-19.10

4. El Rey de reyes y Señor de señores 19.11-16

5. La cena del gran Dios 19.17-18

6. La guerra 192Ki_19:21

7. Satanás atado 20.1-3

VII. Las siete visiones de la consumación 20.4-22.5

A. El marco: 20.4-10

1. Vivir y reinar con Cristo 20.4-6

2. Satanás desatado para que engañe 20.7-10



B. Los escenarios: 20.11-22.5

1. El gran trono blanco 20.11

2. El juicio final 20.12-15

3. El cielo nuevo y la tierra nueva 21.1

4. La nueva Jerusalén 21.2-8

5. La esposa del Cordero 21.9-21

6. La luz de la presencia de Dios 21.22-27

7. El paraíso recobrado 22.1-5



Epílogo 22.6-21

A. Siete testigos confirman 22.6-17

B. Advertencia y seguridad final 22.18-20

C. Bendición 22.21

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En estos tiempos Dios está manifestando su sabiduría y su gracia ante las huestes celestiales a través de la iglesia (Ef. 3:10). En el cielo, la iglesia será por siempre la manifestacion de lo que la gracia de Dios puede hacer (Ef. 2:7). Sin embargo, la comisión divina de la iglesia se entrega más bien a individuos que a un grupo corporativo. Cristo, como cabeza de la iglesia, puede dirigir a cada creyente en los senderos de la voluntad de Dios en armonía con sus dones personales y el plan de Dios para la vida individual. Sin embargo, todo esto está en armonía con el propósito general de Dios para la iglesia en el tiempo actual. En la iglesia como cuerpo, Dios está cumpliendo un propósito divino presente que se está revelando exactamente como fue profetizado en las Escrituras.
A. El Actual Propósito Divino En El Mundo.

El actual propósito divino para esta era no es la conversión del mundo, sino el llamamiento a todos los que creerán en Cristo, a fin de que salgan del mundo y formen el cuerpo de Cristo que es la iglesia. Es cierto que el mundo se convertirá y que habrá un reino de justicia en la tierra; pero, según la Biblia, el día de una tierra transformada, lejos de ser el resultado del servicio cristiano, no precederá a la venida de Cristo, sino que vendrá después, y solo será posible por su presencia y poder inmediatos.
Es después de ser cortada la Piedra —símbolo del regreso de Cristo— que Dios establece un reino eterno en la tierra (Dn. 2:44-45). Es después del regreso del Señor y de la toma de posesión del trono de su gloria que El dice a las ovejas de su mano derecha que entren en el reino terrenal preparado para ellas (Mt. 25:31-34). Del mismo modo, es después que se le ve descender del cielo que Cristo reina mil años sobre la tierra (Ap. 19:11-20:9; cf. con Hch. 15:13-19; 1 Co. 15: 20-25).
Al anunciar los rasgos peculiares de esta era (Mt. 13:1-50), el Señor hace mención de tres características principales:
1) El lugar de Israel en el mundo sería como el de un tesoro escondido en el campo (Mt. 13:44); 2) el mal continuaría hasta el final de la era (Mt. 13:4, 25, 33, 48); y 3) serán reunidos los hijos del reino, comparados con el trigo, la perla de gran precio y los buenos peces (Mt. 13:30, 45, 46, 48).
De estas tres características de la era se desprende que el propósito supremo de Dios para esta edad es la reunión de los hijos del reino. De acuerdo con esto, se afirma en Romanos 11:25 que la ceguera actual de Israel durará hasta que sea completada la iglesia (nótese Ef. 1:22-23), hasta el fin de la era de especial bendición para los gentiles.
De igual modo, el misterio de iniquidad, el mal, seguirá obrando durante la era actual, aunque restringido, hasta que el que lo detiene, el Espíritu de Dios, sea quitado de en medio (2 Ts. 2:7). Como el Espíritu se ira solamente cuando haya completado el llamamiento de la iglesia, el propósito inmediato de Dios no es la corrección del mal en el mundo, sino el llamamiento de todo el que crea. Aún falta cumplir los pactos de Israel (Ro. 11:27), y el mal será desterrado de la tierra (Ap. 21:1); pero el propósito actual de Dios, y todo evidentemente espera esto, es terminar de completar la iglesia.
En Hechos 15:13-19 se da la sustancia del discurso de Santiago al concluir el primer concilio de la iglesia en Jerusalén. La ocasión de este concilio fue la necesidad de determinar la cuestión del propósito actual de Dios. La Iglesia primitiva estaba compuesta mayormente por judíos, y éstos estaban confundidos en cuanto a su propia posición nacional a la luz del hecho de que el nuevo evangelio estaba fluyendo hacia los gentiles. Jacobo sostiene que, según la experiencia de Pedro en la casa de Cornelio el gentil, Dios está visitando a los gentiles para tomar de ellos pueblo para su nombre. "Después de esto", dice Jacobo, el Señor regresará y entonces cumplirá sus propósitos para con Israel y los gentiles.
La implicación práctica de todo esto en relación con el tema de este estudio es que, en la era actual, el creyente individual (y mucho menos la iglesia) no ha sido puesto para la realización de un programa de mejoramiento mundial; en cambio, el creyente es llamado a ser testigo de Cristo y de su gracia salvadora en todo el mundo, y por medio de este ministerio de predicación el Espíritu de Dios cumplirá el propósito divino supremo de la era.
B. La Formación De La Iglesia
Cristo profetizó que El edificarla su iglesia (Mt. 16:18), y el apóstol Pablo comparó la iglesia con una estructura de piedras vivas que crecen para formar un templo vivo en el Señor y son edificados para morada de Dios en el Espíritu (Ef. 2:21-22). Del mismo modo, el ministerio del creyente de ganar almas y edificar el cuerpo de Cristo no continua para siempre, sino "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Ef. 4:13). La "estatura de la plenitud de Cristo no se refiere al desarrollo de hombres semejantes a Cristo, sino más bien al desarrollo del cuerpo de Cristo hasta su completa formación (Ef. 1:22-23). El mismo aspecto de la verdad vuelve a ser anunciado en Efesios 4:16, donde los miembros del cuerpo, como las células vivas del cuerpo humano, se presentan como Si estuvieran en una actividad incesante para ganar almas y, por lo tanto, están haciendo crecer el cuerpo.
C. La Comisión Del Creyente
Cristo predijo que la siembra que iba a caracterizar a la presente dispensación daría como resultado que una cuarta parte llegaría a ser trigo (Mt. 13:1-23). Sin embargo, aunque predicación del evangelio se relaciona con la vida y con la muerte (2 Co. 2:16), el hijo de Dios es comisionado para instar a tiempo y fuera de tiempo en sus esfuerzos por ganar los perdidos. Ha sido designado para ir por todo el mundo predicar el evangelio a toda criatura (Mr. 16:15), sabiendo que la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios Ro. 10:17). También se afirma en 2 Corintios 5:19 que Dios, que estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, nos ha entregado la palabra de la reconciliación. "Así que somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconlciliaos con Dios" (2 Co. 5:20).                                                         Este ministerio está sobre cada creyente y puede ser ejercido de muchas maneras.
1. El evangelio puede ser presentado a los inconversos, por medio de ofrendas. Evidentemente, hay muchos creyentes sinceros que no han despertado a la efectividad de la acción de dar de su sustancia con este objeto. El mensajero no puede ir a menos que sea enviado, pero el que lo envía un coparticipe en el servicio y ha invertido su dinero en bonos que pagarán dividendos eternos.
2. El evangelio puede ser presentado a los inconversos en respuesta a las oraciones. El que dijo: "Si algo pidiereis en mi nombre yo lo haré" (Jn. 14:14), ciertamente enviará obreros a la mies en contestación a las oraciones. Se prueba fácilmente que no hay ministerio más fructífero para el hijo de Dios que el de la oración; sin embargo, cuán pocos parecen comprender que las almas se salvan por medio de ese servicio.
3. El evangelio puede ser presentado a los inconversos por medio de la palabra hablada. Puesto que todos han sido comisionados para la realización de esta tarea, es necesario observar ciertas condiciones imperativas: a) el mensajero debe estar deseoso de ser puesto donde el Espíritu lo desee; b) el mensajero debiera ser instruido en cuanto a las verdades precisas que constituyen el evangelio de la gracia que tiene la misión de declarar; c) el mensajero debe estar lleno del Espíritu Santo, o le faltará la pasión propulsora por los perdidos, que es lo único que lo lleva a uno a un servicio de ganar almas valiente e infatigablemente. "Cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo —dijo Cristo—, me seréis testigos..." (Hch. 1:8). Sin esta plenitud no habrá disposición para testificar. Pero estando llenos, nada puede impedir el flujo de la compasión divina (Hch. 4:20).
4. El evangelio puede ser presentado por diversos medios mecánicos tales como la literatura, la radio, La televisión y la música sagrada. Sin consideración del medio usado, la verdad debe ser presentada de tal modo que el Espíritu Santo pueda usarla.
5. Indudablemente el Espíritu Santo usa muchos otros medios en la difusión del evangelio, por ejemplo, instituciones educacionales donde se preparan predicadores, La aviación misionera que sirve para transportar a los hombres que llevan el evangelio, y la página impresa. Aunque no todos los cristianos estén igualmente dotados para predicar directamente el evangelio, cada cristiano tiene parte en la responsabilidad de hacer que el evangelio sea predicado a toda criatura.

























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